AVELLANEDA VIVIÓ SUS FIESTAS PATRONALES CON MISA Y PROCESIÓN POR LAS CALLES

(AICA) El obispo Marcelo Margni presidió por primera vez las celebraciones centrales y animó a la comunidad a hacer como la Virgen y cultivar la humildad en un escenario «desafiante y complejo».

La comunidad de Avellaneda vivió este lunes 15 de agosto la fiesta patronal de Nuestra Señora de la Asunción, iluminadas por sus palabras en el Magnificat: “Él miró con bondad mi pequeñez… Elevó a los humildes”.

La celebración central comenzó a las 15, con la procesión con la imagen de la Virgen por las calles de la ciudad, seguida por la Eucaristía presidida por monseñor Marcelo Julián Margni, obispo de Avellaneda-Lanús, frente a la iglesia catedral. 

Las comunidades de la diócesis, acompañadas por sus sacerdotes y diáconos, llenaron la plaza central de Avellaneda. Estuvieron presentes el vicario general, monseñor Ruben Oscar López; ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat de la Nación, ingeniero Jorge Ferraresi; el director de Culto de la provincia de Buenos Aires, Juan Torreiro; el intendente de Avellaneda, Alejo Chornobroff; la jefa de Gabinete del Municipalidad de Avellaneda, Magdalena Sierra y el presidente del Concejo Deliberante local, Hugo Barrueco, entre otros.

En su homilía, monseñor Margni retomó las palabras de la Virgen en el lema de esta fiesta diocesana.

“En las palabras de María resuena el asombro ante la mirada de Dios, que se ha detenido en su pequeñez y su pobreza, y la ha elevado. Ante esta mirada compasiva de Dios se desvanecen la resignación y el desaliento, y María puede cantar a viva voz que es precisamente en la pequeñez —la suya y la de su pueblo— donde Dios viene a poner su morada y hace germinar nuevos comienzos”, destacó.

Tomando como base esas palabras, el prelado animó a caminar como pueblo de Dios en el momento actual.

“La mirada de Dios invita a asumir también nosotros un modo de mirar, de mirar a los demás, de mirarnos como pueblo, que convierta nuestra vulnerabilidad en desafío solidariamente asumido y la carencia en proyectos capaces de curar la desesperanza, el cansancio y el abatimiento. Pero una mirada así sólo es posible si aprendemos a mirar más bien desde el lugar de los últimos, los pobres, los indefensos”, sostuvo.

Monseñor Margni señaló que era la primera vez que compartía con la comunidad la fiesta patronal de Nuestra Señora de la Asunción, y reconoció que la celebración se hacía en un escenario «desafiante y complejo”.

“Quisiera dejar que Dios nos siga mirando, con esa mirada de gracia, de misericordia y de ternura, que eleva a los humildes. Les pido que intentemos mirarnos como nos mira Dios, que miremos a nuestro pueblo como Dios lo mira. Y que, como la Virgen, cultivemos también nosotros la humildad”, concluyó.+