REFLEXIONES A LA MEDIANOCHE – VULGARIDADES E INFANTILISMO EN LA CAMPAÑA

Colmada nuestra capacidad de asombro, esta campaña electoral nos revela cosas nuevas todos los días y entre ellas, la vulgaridad y el infantilismo con que algunos precandidatos intentan convencer a la ciudadanía.

Entre otras, la mayor expresión de lo vulgar la dio la candidata que dejó bien sentado que a los peronistas les gusta sobre todo mantener relaciones sexuales, como si el resto de los sectores sociales y políticos fuesen frígidos. Y con un vocabulario tan ordinario que hasta a muchos propios les da vergüenza. Sumándolo a los horrores gramaticales del gobernador de Buenos Aires y a su incontinencia verbal, el nivel de su campaña no alienta al voto favorable para el oficialismo.

Desde la oposición, su negación al debate de proyectos e ideas tampoco alienta a dar un voto positivo, si bien su alegato de defensa a la educación pega fuerte en la ciudadanía. Sólo que cuando aparece el ex presidente, se recuerda que su gobierno frustró la esperanza.

Todos quieren capturar el voto joven, según dicen. Y para ello buscan recursos oratorios y hacen declaraciones que nos hacen sentir que le hablan a tontos. Claro, los tontos somos el pueblo. O los jóvenes, a los que les cambian la historia de nuestro país con relatos distintos, dichos en tonos de convencimiento propio, que pueden hacer dudar a los que no fueron sus protagonistas.

Hay que convencer a los jóvenes pues ellos no vivieron los avatares de nuestro país y no pueden juzgar. Pero no son tontos. Los “pibes” que van a votar no son “pibes”, son adultos jóvenes que pueden juzgar, si tienen la información correcta: no los traten como si sus neuronas no hubiesen funcionado. En todo caso pongan en la campaña a la payasa Filomena que, por lo menos, está caracterizada con lo que representa.

Los jóvenes necesitan ser estimulados para crecer, para abrir su cabeza al conocimiento, lejos de la vulgaridad y lo soez. Eso no les hace falta. Necesitan iluminación, ayudémosles a crecer.

Y los adultos ya no queremos más delincuentes sacándonos lo poco que nos han dejado las medidas tomadas en este tiempo de pandemia.  Queremos trabajo, el que dignifica. Queremos bienestar, porque lo merecemos. Ya estamos hartos de mentiras, promesas incumplidas y Estados elefantiásicos. Basta de contratos basura. Basta de meter en el Estado a amigos de los amigos con ganas de ser ñoquis para siempre. No podemos pagar más sueldos. No pueden ser los legisladores los privilegiados, con dietas muy superiores a lo que cobran los trabajadores, mientras muchos jubilados caen en la miseria porque no tienen haberes de privilegio después de toda una vida de trabajo. Basta de alentar y apoyar a los amigos de lo ajeno, que pretenden apropiarse de lo que no les pertenece.

El Estado tiene que crear trabajo, no incorporando más gente a sus organismos, sino propiciando la labor en el sector privado: esa es parte de su función. Deben crear oportunidades para todos a través de la capacitación y el esfuerzo, y mérito no es una mala palabra. Busquen en el diccionario, si no conocen su significado, porque el mérito existe en toda tarea que se emprenda y merece una recompensa, no un castigo.

Quiero escuchar que los candidatos van a hacer lo que el pueblo necesita, que van a propiciar su bienestar. No se puede beneficiar a un sector a expensas de perjudicar a otro.

El verdadero político es aquél que puede conciliar y lograr armonía entre los distintos sectores. Eso es lo que espero descubrir en estos candidatos.

¿Y ustedes?