¿SIRVIÓ DE ALGO LO OCURRIDO EN «LA CASONA»?

No se trata de una pregunta retórica. Sucede que viendo noticias casi todos los meses de jóvenes que mueren a la salida de algunos boliches, vemos con cierto escepticismo que aquel hecho ocurrido en Lanús Oeste, y que fue disparador para que en nuestra provincia fueran instruidos los Guardias de seguridad de los locales bailables -mal llamados Pato Vicas-, haya servido lo suficiente como para que no volvieran a ocurrir hechos de semejantes características. Pero lo malo es que siguen sucediendo, y cntinúan muriendo jovenes.

Pero para poder entender este fenómeno deberíamos hacernos la siguiente pregunta ¿Para qué sirven los Pato Vicas? Para pegarle a los jóvenes en forma indiscriminada (Como sucedió en Lanus)? ¿Simplemente para sacar a la calle a los revoltosos y que se maten en la calle? Creemos que tampoco. La lógica debería ser que si un joven suponen, creen o prueban que hace algún disturbio en un local bailable deberían retenerlo en un lugar separado a la pista de baile, llamar al 911 y entregarlo a las autoridades policiales y que ellos, tras orden judicial, puedan hacer o deshacer aquello que la ley disponga. Así por lo menos se salvarían muchas vidas.

Volviendo al tema de «La Casona», aquel emblemático lugar, dnde muchos hacían colas para entrar, en verdad era un lugar donde no todos podían acceder, ya que entraban «los lindos», o aquellos que usaban ropa de moda y de marca. Tanto la gente que trabajaba allí, como también sus dueños vivían en un estado de soberbia constante. Que no nos extrañe que sobrevivieron muchos años en el lugar, recordemos que en más de una ocasión el poder político de turno hizo «fiestas» o encuentros para hacer «roscas», recordemos nada más aquel encuentro donde se reunieron intendentes del conurbano y al entonces Gobernador Ruckaur le entregaron «la banda presidencial» de manos del mismisimo Manuel Quindimil, en un pantagruélico convite donde asistieron muchos intendentes de la tercera sección electoral. Aunque convengamos, también fue en la última etapa de Quindimil donde se fueron cerrando muchos boliches lanusenses (ayudó en ese entonces también el caso «Cromañón»). Pero lo cierto es que en mucos rincones de nuestra provincia, el Caso Castelucci se viene repitiendo una y otra vez. Y cada vez más seguido.