Foto: REUTERS/Kylie Cooper
El Gobierno británico pidió que conste en el acta oficial de la Asamblea General de las Naciones Unidas una declaración por escrito en respuesta al discurso del presidente argentino Javier Milei, en la que se afirme que la actitud de Buenos Aires respecto a las Malvinas resulta plenamente incompatible con los principios de la Carta de las Naciones Unidas y contraviene lo que cabría esperar de una democracia.
La declaración, difundida por la delegación británica ante la organización, fue presentada bajo el punto ocho del calendario de la 81ª sesión, tras las intervenciones de Milei el miércoles sobre la soberanía del archipiélago y de las Georgias del Sur y la Sandwich del Sur. Es idéntico procedimiento que Londres empleó en 2012 frente a la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
El texto sostiene que el Reino Unido no tiene dudas sobre su soberanía sobre ambos territorios y sus correspondientes aguas jurisdiccionales, y reafirma su respaldo al derecho de autodeterminación de la población isleña, consagrado en la Carta de la ONU y en el Artículo 1 de los dos pactos internacionales de derechos humanos. Afirma que Argentina sigue rechazando la aplicación de ese derecho humano fundamental a esos habitantes y, por su parte, persigue activamente vías en foros internacionales para respaldar su reclamación de soberanía.
El Reino Unido no tiene dudas sobre su soberanía sobre las Islas Malvinas.
Nuestra declaración en respuesta a la Declaración de la Asamblea General Argentina sobre las Malvinas: pic.twitter.com/eWw8aS2MDI
– Reino Unido en la ONU (@UKUN_NewYork) 23 de septiembre de 2026
El comunicado refuta punto por punto los fundamentos jurídicos expuestos por Milei. Asegura que la Resolución 2065 de la Asamblea General “no prohíbe el desarrollo económico ni anula el derecho de autodeterminación de los isleños”, y que la Resolución 31/49 “tampoco restringe ni elimina los derechos de los isleños a determinar libremente su estatus político y a perseguir libremente su desarrollo económico, social y cultural”. Añade que las convocatorias a negociaciones “no modifican ni debilitan la obligación de las naciones de respetar el derecho vinculante de autodeterminación”. Estas son posiciones del gobierno británico, cuestionadas por Argentina.
En lo relativo a la disputa sobre las compañías petroleras, el texto afirma que los esfuerzos para obstaculizar y hostigar a las empresas internacionales vinculadas a los hidrocarburos del archipiélago y a otras industrias locales representan, en su totalidad, un intento inaceptable de ejercer jurisdicción extraterritorial y carecen de cualquier base en el derecho internacional, describiéndolos como obstáculos para el comercio global y contrarios al libre comercio. Añade además que el desarrollo de hidrocarburos es una actividad comercial legítima regulada por la legislación del gobierno del archipiélago, en conformidad estricta con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, y que allí no rige la legislación interna argentina.
El texto aporta un detalle sobre el referéndum de 2013 que Londres no suele enfatizar: además del respaldo del 99,8% para conservar el estatus vigente, con una participación del 92%, la votación fue observada por observadores independientes de Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda y tres países de Sudamérica: Uruguay, Chile y Brasil.
El documento concluye un periodo de cuarenta y ocho horas. El martes, el primer ministro Andy Burnham mencionó al archipiélago como uno de los retos al Estado de derecho; esa misma noche, el canciller argentino Pablo Quirno ejerció el derecho de réplica ante el pleno, afirmando que “la ocupación ilegal británica de las islas se remonta a enero de 1833”, cuando fueron expulsadas las autoridades y la población argentina asentada. Milei intervino el miércoles y el texto británico llegó unas horas después.
Argentina mantiene 60 expedientes administrativos pendientes de sanción y tres denuncias penales que afectan a diez empresas y a sus directivos. Ninguna de esas acusaciones ha sido verificada.