Extinción inusual de ballenas francas australes en la Patagonia argentina alarma a los científicos



Ni los investigadores ni el gobierno provincial darán una cifra oficial hasta que finalice la temporada; extraoficialmente se mencionan más de 300 ballenas muertas

Los científicos que siguen de cerca la población de ballenas francas australes en la Península Valdés, en la provincia argentina de Chubut, han registrado desde julio un número inusual de muertes entre crías y adultos, lo que podría convertir este año en el peor registrado hasta ahora. Se encuentran evaluando el posible papel de una bacteria y de una proliferación de algas tóxicas conocidas como “marea roja”.

Ni los investigadores ni las autoridades provinciales divulgarán una cifra oficial hasta que concluya la temporada; de forma extraoficial se habla de más de 300 ballenas fallecidas. Hasta el momento, las cifras más altas registradas por el programa de vigilancia sanitaria del Instituto de Conservación de Ballenas desde 2003 fueron 113 crías muertas en 2012 y 28 adultos en 2022.

En los terneros, las muertes se han vinculado a la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae, que provoca la erisipela y puede ingresar a través de heridas, como mordeduras de gaviota, o por la alimentación, explicó Mariano Coscarella, del Centro de Estudios de Sistemas Marinos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). En los adultos, la causa todavía está bajo investigación, aunque se sospecha de la marea roja, responsable del pico de 2022. Según Coscarella, no se ha encontrado evidencia de que la actividad humana directa haya causado las muertes, aunque el cambio climático o El Niño podrían haber influido en las condiciones del océano.

El programa de seguimiento sanitario, liderado por la veterinaria Marcela Uhart de la Universidad de California, Davis, realiza necropsias y análisis y sumará muestreos de agua y mariscos en los golfos Nuevo y San José.

Península Valdés es el santuario de ballenas francas australes más grande de Sudamérica. La población que lo visita creció de unas 500 ballenas a finales de la década de 1990 a un máximo de 2.110 en 2025; este año se registraron 1.375, entre ellos 409 terneros. El Instituto de Conservación de Ballenas advirtió que, al tratarse de una especie longeva, las consecuencias de una extinción “no son inmediatas y no pueden medirse a partir de cifras aisladas”.