Argentina debe tomar el control de sus minerales críticos

Para muchos, la carrera por el litio sudamericano es solo un capítulo más de la transición energética: del salar andino a las baterías y de ahí a los autos eléctricos de Tesla o BYD. Pero esta visión es demasiado estrecha. Minerales críticos como el litio, el cobalto, el níquel y el cobre se consideran indispensables tanto para la transición energética como para la seguridad de las cadenas de suministro globales. Sin embargo, estas materias primas se utilizan cada vez más en sistemas de defensa avanzados, satélites de vigilancia y centros de datos que respaldan la infraestructura de inteligencia artificial. Argentina tiene grandes depósitos de varios de estos minerales, especialmente litio, pero también cobre en las provincias de Catamarca y San Juan. La demanda de estos recursos ofrece al país la oportunidad de asumir la soberanía sobre su propio desarrollo económico. Pero esta oportunidad se pierde.

Soberanía perdida

Poseer recursos escasos en un contexto global no garantiza que el poder esté en manos del productor. Para beneficiarse de esto, el Estado debe saber quién controla los depósitos minerales y dónde terminan en última instancia las materias primas extraídas. El productor también debe poder determinar las condiciones para el uso de sus recursos naturales. Sin estos elementos, otros se enriquecerán mientras el país productor permanece en una posición subordinada. Argentina no cumple ninguno de estos criterios. Según la reforma constitucional de 1994, el Estado argentino otorga a cada provincia la propiedad de los recursos naturales de su territorio. El resultado es un mosaico de regulaciones. Actualmente hay 66 proyectos de litio en distintas etapas de desarrollo, casi todos concentrados en las provincias del norte: Catamarca, Salta y Jujuy. Cada uno está regulado y monitoreado según sus propios criterios.

No existe ninguna autoridad nacional capaz de agregar esta información o rastrear qué proporción de cada envío de carbonato de litio termina en una batería de automóvil, un dron militar o un centro de datos. Sin una reforma integral del marco regulatorio del país, todo indica que esta situación se repetirá para el resto de minerales estratégicos. La soberanía en juego aquí no se trata sólo de quién se beneficia de la minería, sino también de quién decide el uso final de los recursos extraídos. En este sentido, el Estado y la sociedad civil argentinos están mal preparados.

Argentina en la zona de tensión entre las superpotencias

Estos proyectos mineros avanzan en medio de un cambio abrupto en el enfoque del financiamiento internacional de minerales críticos: menos interés en la descarbonización y más en el dominio tecnológico y militar. Estados Unidos, por ejemplo, está cada vez más preocupado por el acceso a minerales críticos, lo que está vinculado a su agenda militar. El Departamento de Defensa de EE. UU. adquirió una participación del 15 % en MP Materials, una empresa de minerales críticos con sede en Las Vegas, en julio de 2025, convirtiéndose en el mayor accionista de la empresa minera. El país anunció su intención de crear una reserva estratégica de minerales críticos por valor de 12 mil millones de dólares.
Estos minerales ya no se utilizan sólo para la transición energética.

Argentina siente estas tensiones con particular claridad. En febrero, el gobierno de Javier Milei firmó un acuerdo sobre minerales críticos con la Casa Blanca en el que el país se comprometió a dar a Estados Unidos suministros prioritarios de litio, cobre y otros minerales, tanto en forma cruda como procesada. El acuerdo es parte de una estrategia más amplia de Estados Unidos para reducir su dependencia de China, que controla alrededor del 75% del mercado global de estos recursos. En la práctica, sin embargo, la situación parece completamente diferente. Alrededor del 70% de la producción de litio de Argentina está destinada a China. En mayo de este año, el gobierno argentino aprobó la ampliación de un proyecto de litio en el que Ganfeng, la mayor minera de litio de China, es el accionista mayoritario con una participación del 47%. Debido a su debilidad económica histórica, el país se vio envuelto en este conflicto geopolítico sin contar con los mecanismos necesarios para explotar su posición.

Esta es la consecuencia estructural de la falta de una política propia en Argentina. El país se pone del lado de Washington retórica y diplomáticamente, mientras que en la práctica las mayores inversiones son financiadas por capital chino, que también obtiene los mayores beneficios. Debido a su histórica debilidad económica, el país se vio envuelto en este conflicto geopolítico sin los mecanismos necesarios para explotar rentablemente su posición. Esto también exacerba la apertura irrestricta al capital extranjero en el sector minero que se viene produciendo desde hace décadas. Este sistema elimina requisitos como proveedores locales de materiales, trazabilidad y cualquier consideración por el desarrollo y crecimiento de la industria nacional más allá de la minería.

Crecimiento rápido

En 2025, la producción argentina de carbonato de litio superó las 110.000 toneladas, batiendo el récord histórico. Las exportaciones del sector minero alcanzaron los 6.000 millones de dólares, casi un 30% más que en 2024. Argentina está ansiosa por atraer inversión extranjera y el sector minero ya representa más de la mitad de los casi 95.000 millones de dólares en propuestas de inversión presentadas por las empresas en el marco del Programa de Apoyo a las Grandes Inversiones lanzado en 2024. La Agencia Internacional de Energía predice que la demanda mundial de litio se multiplicará por nueve para 2040 a medida que la humanidad busque una descarbonización acelerada. Sin embargo, esta demanda viene acompañada de una competencia cada vez mayor entre las principales potencias por las cadenas de suministro, que ahora incluyen usos tanto civiles como militares del mineral.

La Ley de Minería de Argentina de 1886 y el Marco Provincial de Control de Recursos Naturales de 1994 fueron diseñados para atraer capital a regiones con infraestructura limitada. Sin embargo, se basan en un modelo orientado a la exportación sin generar valor agregado ni definir criterios sobre el uso final de los productos promocionados. Estas herramientas son insuficientes para abordar los conflictos geopolíticos del siglo XXI relacionados con minerales críticos. Las regulaciones débiles, la falta de trazabilidad y la excesiva apertura al capital extranjero podrían repetir los errores de anteriores corridas mineras que dejaron a los países productores vulnerables y subdesarrollados. Argentina necesita urgentemente iniciar un debate sobre la propiedad, la trazabilidad y la dirección estratégica de sus recursos críticos. De lo contrario, a través de la inacción, las potencias mundiales y los consorcios privados determinarán qué guerras, servidores e imperios tecnológicos acabarán agotando las reservas de sus minas de sal.