Día de la Independencia de Argentina: las historias ocultas detrás del 9 de julio de 1816

Cada año, el 9 de julio, Argentina celebra el Día de la Independencia, conmemorando el momento en 1816 en que el Congreso de Tucumán declaró la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, rompiendo oficialmente los vínculos políticos con la corona española. Esta historia está inspirada en parte en los detalles históricos menos conocidos resaltados en “Curiosidades del 9 de Julio: Historias poco conocidas de la Independencia”, un programa que revisita las historias olvidadas que rodearon la Declaración de Independencia: el papel de Francisca Bazán de Laguna, la desaparición de la Declaración de Independencia original, las copias impresas en lenguas indígenas y las razones políticas para elegir Tucumán como sede del histórico congreso.

Esta fecha es considerada uno de los hitos más importantes de la historia argentina. Pero detrás de la imagen oficial de los delegados firmando un documento histórico se esconde una historia compleja: una historia llena de tensiones políticas, reuniones secretas, voces indígenas, documentos faltantes, propuestas inesperadas y las contribuciones de las mujeres, a menudo pasadas por alto. La Declaración de Independencia fue el resultado de años de conflicto, negociaciones, enfrentamientos militares y visiones contrapuestas sobre qué tipo de nación surgiría después del dominio español.

Una declaración en tiempos de incertidumbre

El camino hacia la independencia comenzó con la Revolución de Mayo de 1810, cuando se fundó la Primera Junta en Buenos Aires y el pueblo comenzó a romper con el dominio colonial español. Sin embargo, la declaración de plena independencia se retrasó seis años debido a desacuerdos políticos, conflictos regionales e incertidumbres sobre la futura forma de gobierno. En 1816, España había restaurado al rey Fernando VII en el poder tras la derrota de Napoleón, y crecieron los temores de que la monarquía española intentara recuperar el control de sus antiguos territorios americanos.

Representantes de toda la región se reunieron en San Miguel de Tucumán, una elección que no fue casualidad. Aunque Buenos Aires era considerado el centro político tradicional del Río de la Plata, se consideraba inestable debido a disputas internas y tensiones con las fuerzas federalistas que rodeaban a José Gervasio Artigas y la Liga de los Pueblos Libres. Tucumán ofrecía una ubicación más segura y estratégica. Estaba más cerca del Frente Norte, donde las tropas realistas amenazaban al movimiento independentista, y era donde tenía su base el Ejército del Norte, crucial para la defensa de la región.

El histórico encuentro en una casa particular

El Congreso de Tucumán no se reunió en un palacio de gobierno. En cambio, se reunió en la casa de Francisca Bazán de Laguna, una mujer de 72 años de una de las respetadas familias de Tucumán. Su decisión de poner su casa a disposición de las sesiones se convirtió en uno de los ejemplos más notables de participación femenina en la historia de la independencia argentina. Durante generaciones, Francisca fue recordada principalmente como la mujer que “proporcionaba la casa”. Pero su papel representa algo mucho más grande. Pertenecía a una familia vinculada políticamente, vivía con sus ocho hijos y formaba parte de las redes sociales que moldeaban la vida pública en Tucumán.

Su contribución refleja una realidad más amplia: las mujeres no eran meras observadoras de la independencia. Crearon espacios para la acción política, apoyaron movimientos revolucionarios, contribuyeron a la difusión de ideas y participaron en la construcción de la nueva nación. La famosa imagen de personas observando la firma de la Declaración de Independencia a través de las ventanas de la Casa de Tucumán también forma parte de la mitología nacional. Sin embargo, estas ventanas en realidad daban a un patio en lugar de a la calle, lo que significa que el público no habría podido presenciar el evento como a menudo se describe.

El certificado original que falta

El 9 de julio de 1816, los diputados firmaron la Declaración de Independencia, un breve documento que anunciaba oficialmente la separación de las Provincias Unidas del dominio español. Sin embargo, uno de los mayores misterios históricos de Argentina es que el documento original ha desaparecido. El original manuscrito se perdió poco tiempo después de la declaración. Los historiadores de hoy dependen de copias, incluida una versión manuscrita realizada por el secretario del Congreso, José Mariano Serrano, y otra copia conservada en la Casa Histórica de Tucumán. El original desaparecido sigue siendo un misterio sin resolver más de dos siglos después.

La enmienda secreta que fortaleció la independencia

Aunque la declaración fue firmada el 9 de julio, el Congreso celebró una sesión secreta diez días después. Los parlamentarios temían que los líderes políticos de Buenos Aires pudieran negociar con potencias extranjeras como Portugal o Gran Bretaña. Para evitar malentendidos agregaron la frase: “y de cualquier otro dominio extranjero”. Esta pequeña adición cambió el significado de la declaración. La independencia no fue sólo una salida de España: también fue una declaración de que la nueva nación no se sometería a ningún otro imperio.

Independencia escrita en lenguas indígenas

Uno de los detalles más fascinantes de la declaración es que no fue escrita sólo para la élite de habla hispana. Se imprimieron y distribuyeron miles de ejemplares de la ley en todo el territorio nacional. Para llegar a las comunidades indígenas, se tradujeron copias al quechua y al aymara, dos de las principales lenguas indígenas de la región. Esto fue particularmente significativo ya que muchos soldados y comunidades indígenas desempeñaron papeles importantes en la lucha por la independencia. Muchas personas que apoyaron el movimiento no hablaban español; por lo tanto, traducir el documento ayudó a transmitir la importancia de la independencia más allá de la élite política. Como en aquella época la tasa de alfabetización era baja, las noticias también se difundieron a través de lecturas públicas. Los oradores comunitarios llamados pregones leyeron mensajes importantes en voz alta en plazas y lugares de reunión para que comunidades enteras pudieran escuchar sobre la declaración.

Una nación más grande que la Argentina de hoy

En 1816 el país aún no se llamaba Argentina. El nombre oficial era “Provincias Unidas de América del Sur”. El territorio representado en el congreso se extendió más allá de las fronteras actuales. Participaron representantes de lugares que hoy forman parte de Bolivia, entre ellos Charcas, Mizque y Chichas. No todas las regiones participaron. Provincias como Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes no firmaron la ley porque se habían sumado al proyecto federalista de Artigas y no estaban de acuerdo políticamente con el Congreso. La distancia planteó otro desafío importante. Los viajes eran lentos, peligrosos y costosos, y algunos representantes nunca recibieron la invitación a tiempo.

La inesperada sugerencia de Belgrano: un monarca inca

Uno de los debates más sorprendentes del congreso tuvo que ver con la futura forma de gobierno del nuevo país. Algunos representantes estaban a favor de una república, mientras que otros consideraban una monarquía constitucional, ya que las monarquías europeas seguían siendo el modelo político dominante en ese momento. Una de las propuestas más audaces vino de Manuel Belgrano, una de las principales figuras del movimiento independentista y creador de la bandera argentina. Belgrano propuso establecer una monarquía constitucional dirigida por un descendiente de la dinastía Inca. Su propuesta apuntaba a crear una forma de gobierno arraigada en la identidad estadounidense en lugar de simplemente copiar los sistemas europeos. Sin embargo, la idea no recibió suficiente apoyo y fue rechazada por círculos influyentes, especialmente las élites de Buenos Aires, que preferían los modelos políticos europeos.

Reconocimiento más allá de España

Después de la Declaración de Independencia, se enviaron copias de la Declaración de Independencia al extranjero para obtener reconocimiento internacional. Uno de los hechos más sorprendentes es que el Reino de Hawaii reconoció la independencia de Argentina antes que España. El rey Kamehameha I reconoció la nueva nación ya en 1818, mientras que España no reconocería oficialmente la independencia argentina hasta 1863.

Las tradiciones del 9 de julio hoy.

Más de 200 años después, el 9 de julio sigue siendo un día de recuerdo nacional y celebración familiar. Dado que el Día de la Independencia cae durante el invierno argentino, las comidas tradicionales se han convertido en una parte integral de la festividad. Las familias suelen reunirse en torno a platos asociados con la herencia argentina, que incluyen:
Locro, un guiso espeso de maíz, calabaza y carne. Pasteles de membrillo, pasteles rellenos de pasta de membrillo: estas tradiciones conectan a los argentinos de hoy con el mundo histórico de 1816, cuando se discutió, proclamó y celebró la independencia.

Un momento que cambió a Argentina para siempre

La Declaración de Independencia no creó inmediatamente la Argentina que conocemos hoy. Los años que siguieron trajeron luchas políticas, guerras civiles y debates sobre cómo debería organizarse el país. Pero el 9 de julio de 1816 marcó un punto de inflexión crucial. En una modesta casa familiar en Tucumán, los representantes dijeron que el pueblo de las Provincias Unidas decidiría su propio futuro. La historia de la independencia no se trata sólo de un documento y una fecha. También se trata de las personas detrás de ella: una mujer que abrió su hogar, comunidades que escucharon la Declaración en sus propios idiomas, líderes que imaginaron visiones inesperadas del futuro y una nación que aún se define a sí misma después de separarse del imperio.