El presidente argentino, Javier Milei, llamó el miércoles (23) durante la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, que Cuba debe ser libre y que la «dictadura sangrienta» en la isla debe llegar a su fin. Allí reiteró la postura de Argentina contra el régimen cubano en medio de una crisis política, energética y social que afecta a más de nueve millones de personas. “Cuba debe ser libre, hay que poner fin a esta dictadura sangrienta”, dijo el jefe de Estado a los periodistas. El mismo día, Milei presentó ante la Asamblea General el reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas, cuestionó el funcionamiento de Naciones Unidas y presentó a la Argentina como un centro para el desarrollo de la inteligencia artificial.
Los comentarios del presidente argentino se produjeron un día después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, llamara a Cuba un «estado completamente fallido» ante el mismo panel y predijera que el régimen «caería». La delegación cubana abandonó el salón en señal de protesta. El ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, calificó los comentarios de Trump como «falsedades» y «calumnias». También este miércoles, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, se reunió con Milei en Nueva York. Tras el encuentro, Rubio declaró que “nuestro hemisferio es más seguro gracias a nuestra estrecha cooperación” y envió un mensaje al régimen cubano: “No tienes ninguna posibilidad”.
La postura de Milei sobre La Habana ya había quedado clara en septiembre de 2024 durante la 79 Asamblea General de las Naciones Unidas. En este discurso calificó a Cuba y Venezuela de “dictaduras sangrientas” y pidió su expulsión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. En junio de este año, el presidente argentino predijo que Cuba “se hundiría por sí sola” y ofreció “darle” algo al régimen. Semanas después, en julio, en Buenos Aires, utilizó la frase: “Si no te gusta, vete a Cuba”. Argentina también votó en contra de la resolución anual de las Naciones Unidas que condena el embargo estadounidense a la isla, una postura consistente con la presión de Washington sobre La Habana.