Donald Trump ha confirmado que está revisando la posición de Estados Unidos sobre las Islas Malvinas. El trasfondo es la creciente presión de Washington sobre los aliados de la OTAN para que aumenten el gasto en defensa. La medida podría intensificar aún más las tensiones en el largo conflicto entre Gran Bretaña y Argentina. El presidente estadounidense dejó este lunes abierta la posibilidad de reconsiderar la posición de Washington sobre las Islas Malvinas, que están bajo administración británica y cuya soberanía reclama Argentina. Cuando se le preguntó en la Oficina Oval sobre una posible revisión, Trump respondió que revisa periódicamente todas las posiciones de su administración, y la cuestión del archipiélago es una de ellas.
Trump deja abierta una revisión de la cuestión Malvinas/Falklands
Los comentarios del presidente se producen después de que medios británicos revelaran que funcionarios del Pentágono están explorando varios mecanismos para presionar al Reino Unido y a otros socios europeos para que cumplan más rápidamente sus compromisos militares. Una de estas opciones sería un cambio en la posición de Estados Unidos sobre las Islas Malvinas. Sin embargo, Trump no ha declarado haber tomado una decisión ni ha especificado qué dirección podría tomar un posible cambio. El objetivo de Washington es que sus socios demuestren un camino creíble para cumplir el compromiso de los miembros de la OTAN de destinar el 5% del PIB a defensa y seguridad de aquí a 2035. Este porcentaje se divide en un mínimo del 3,5% para necesidades puramente militares y hasta un 1,5% para áreas relacionadas con la seguridad como las infraestructuras críticas, la resiliencia o la industria de defensa.
Estados Unidos no reconoce formalmente la soberanía británica
Sin embargo, la posibilidad de un cambio de posición de Estados Unidos tiene una dimensión diplomática importante. Tradicionalmente, Estados Unidos no reconoce formalmente la soberanía británica sobre las islas. Washington mantiene desde hace décadas una postura neutral en el conflicto: reconoce la administración de facto del Reino Unido pero no toma partido en las reclamaciones de soberanía de Londres o Buenos Aires y sostiene que las diferencias deben resolverse por canales diplomáticos. Por tanto, la hipótesis que Washington baraja iría más allá de una simple retirada del apoyo formal, que actualmente no existe. Un cambio verdaderamente significativo sería si Estados Unidos renunciara a su neutralidad en cuestiones de soberanía y, en cambio, adoptara una postura contra las reclamaciones británicas o se acercara a las reclamaciones argentinas.
El gobierno británico ya ha respondido a los informes sobre los planes que Washington está considerando. Londres reiteró que su posición sobre las Islas Malvinas se mantuvo sin cambios y que las islas seguirían siendo un territorio británico de ultramar de acuerdo con los deseos de sus residentes. En marzo de 2013, los residentes del archipiélago votaron abrumadoramente a favor de conservar su condición de territorio británico de ultramar. Desde entonces, el Reino Unido ha utilizado este resultado como uno de sus principales argumentos en defensa del derecho a la autodeterminación. Argentina rechaza esta posición e insiste en que la soberanía sobre las Islas Malvinas es un tema bilateral que requiere resolución. La Cancillería argentina considera que recuperar la soberanía efectiva sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur es un objetivo «permanente e innegociable».
Un conflicto marcado por la guerra de 1982
La disputa territorial desembocó en la Guerra de las Malvinas entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982. El conflicto terminó con la rendición de Argentina y se cobró la vida de 649 militares argentinos, 255 británicos y tres isleños. Más de cuatro décadas después, el conflicto diplomático sigue sin resolverse. Las Naciones Unidas han incluido a las Islas Malvinas en su lista de territorios no autónomos desde 1946, con el Reino Unido como potencia administradora, mientras que el Comité Especial de Descolonización considera la cuestión anualmente.
La posibilidad de que Trump pueda cambiar la posición de Estados Unidos añade ahora una nueva dimensión a la política de defensa de Washington. La Casa Blanca aún no ha anunciado ningún cambio formal, pero los comentarios del presidente confirman que un tema que ha permanecido relativamente estable en la diplomacia estadounidense durante décadas es ahora objeto de una revisión iniciada por su administración.