La propagación descontrolada del jabalí europeo está causando daños estimados en 1.600 millones de dólares al año en Argentina y ha generado alarma entre agricultores, expertos y autoridades. El jabalí es considerado una de las especies exóticas invasoras más dañinas del mundo; su población está creciendo rápidamente en el país y tiene impactos económicos, ecológicos y de salud. El jabalí, introducido en la provincia de La Pampa para la caza deportiva a principios del siglo XX, encontró condiciones favorables para su reproducción ante la ausencia de enemigos naturales y se extendió por gran parte del territorio argentino. Hoy en día, la especie destruye tierras cultivadas, atraviesa vallas, daña silos y sistemas de riego y, por tanto, aumenta el coste de la producción agrícola. Además de dañar los cultivos, los animales compiten con el ganado por los alimentos y pueden transmitir enfermedades como triquinosis, hepatitis y peste porcina, poniendo en peligro tanto la producción ganadera como la salud pública, según expertos de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
La presencia de jabalíes también genera preocupación por la seguridad de la población. Un animal adulto puede pesar más de 200 kilogramos y exhibir comportamientos agresivos cuando se siente amenazado o defiende a sus crías. Ya se han registrado casos de ataques mortales en el país y los avistamientos son habituales en zonas cercanas al centro de las ciudades. Ante la expansión de la especie, algunas provincias argentinas han comenzado a tomar medidas de emergencia, como autorizar la llamada «caza sanitaria» para intentar frenar la población del animal. Pero los investigadores sostienen que las medidas aisladas no son suficientes y piden una estrategia nacional integrada para combatir la plaga y reducir su impacto en la economía, el medio ambiente y la seguridad pública.