PROFUNDO PESAR EN LA UNLa POR EL FALLECIMIENTO DE CLAUDIO LOISEAU, UNO DE LOS FUNDADORES DE LA UNIVERSIDAD Y CREADOR DE SU LOGO

Fue un protagonista importante de la vida institucional de la UNLa desde sus comienzos. Su talento y creatividad está presente en el diseño y la comunicación visual de toda la Universidad.

La comunidad universitaria de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) atraviesa un momento muy triste: en las últimas horas falleció Claudio Loiseau, uno de los integrantes del grupo fundador de la Universidad, Director de Diseño y Comunicación Visual y -ni más ni menos- que el creador del logo institucional. Todo un emblema.

Loiseau falleció tras una dura y larga batalla contra el cáncer (misma enfermedad que tempranamente se había llevado a su esposa, Nancy, y a su hermano, el dibujante Caloi). Su partida dejará un hueco insustituible no solo para la familia (sus hijos Juan, Julián y Valeria y sus nietos), sino para toda la UNLa, por su inagotable creatividad y talento, pero por su sobre todas las cosas por su calidad de persona.

Desde los inicios

Loiseau fue protagonista de toda la vida institucional desde sus más remotos inicios. Al punto que participó del grupo fundador, cuando 27 años atrás, un papel solo decía: Ana Jaramillo, rectora organizadora de la Universidad Nacional de Lanús; pero era solo eso, un papel, ni siquiera un sello. En ese entonces la institución ni siquiera tenía sede para funcionar y mucho menos predio propio. Estaba todo por hacerse.

Y Loiseau fue el hacedor de uno de los mayores símbolos de la identidad de la UNLa: creó el logo institucional, ese granate tan distintivo desde entonces. Fue tras diversas reuniones con la rectora Ana Jaramillo en el Café Tortoni, que lo fueron ideando y lo terminó de pulir hasta que alcanzó la forma que hoy se le conoce en el sur del gran Buenos Aires, en el resto de Argentina y en gran parte del mundo.

Justamente en el Café Tortoni, Loiseau también fue testigo de uno de los episodios que dejó marcado para siempre el destino del campus académico donde hoy funciona la UNLa. Así lo relató en 2018 en una entrevista con la revista institucional Viento Sur.

“Yo estaba con Ana (Jaramillo) y su celular sonaba con insistencia: era don Alfredo que quería la parte sur de los terrenos para poner un supermercado en la salida de la calle Malabia, pero Ana le puso coto a su ambición. También hizo naufragar los barquitos de un parque acuático que un grupo de empresarios españoles planeaba sobre nuestro predio. Era la guerra y Ana la aceptó: defendió palmo por palmo el territorio ganado para los estudiantes, porque la apetencia de los privados por lo público viene de lejos y es voraz. Luchó también contra algunos de los que tuvieron a su cargo la liquidación del ferrocarril residual. ¿Por qué? Porque Ana les había truncado un millonario negocio inmobiliario”, rememoró.

También docente en la carrera de Diseño y Comunicación Visual de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) -de la que fue miembro fundador-, Loiseau, descendiente de linaje belga, salteño de nacimiento, pero con la mayor parte de su vida en el sur del Conurbano bonaerense (Temperley, Adrogué y José Mármol fueron sus barrios de siempre), publicó en 2018 el libro de cuentos y relatos «Finalmente no fui electrocutado», en el que supo plasmar su humor y pensamientos. 

El producto de su creatividad y su trabajo, en la UNLa, es visible a cada paso: desde los carteles que nominan a los edificios hasta las tapas de los libros de Ediciones de la UNLa (el sello editorial de la Universidad), pasando por miles de flyers de eventos y actividades. Todo lleva su impronta.

Otra de sus pasiones fue River Plate, el club de sus amores. Allí también dejó un sello importante: fue el creador del mítico leoncito que marcó la época dorada en los 80 del club de Núñez.

La mejor manera de despedirlo quizás sea compartiendo las palabras de una de las personas que más lo conoció en la intimidad, su sobrino, el también dibujante Tute. En sus redes sociales, escribió: “Loiseau. Otro pájaro que remonta vuelo. Toca despedir a mi tío Claudio. Voy a extrañar mucho nuestras charlas. El más amigo, el más pícaro, atorrante y noble. El más noble. Nuestra última charla giró en torno al barrio, a la infancia, a la familia, al amor y al peronismo. Nuestros temas. ¿Con quién hablaré ahora? Chau, Claudio. La seguimos otro día. Abrazo grande”.